Los retos de aprender inglés en México

Por Arely Hernandez
Aprender inglés en México es, para millones de estudiantes, una carrera de obstáculos más que una experiencia educativa efectiva. A pesar de ser una materia obligatoria desde 2009 en el sistema educativo nacional, el 79% de los alumnos no logra adquirir siquiera un nivel básico de comprensión o expresión del idioma. Y no se trata de falta de interés o capacidad, sino de un cúmulo de errores sistemáticos que han convertido al inglés en una asignatura temida, desmotivante y muchas veces inútil.
El verdadero problema está en cómo se enseña. Docentes sin formación especializada, métodos centrados en la gramática y la memorización, falta de interacción real y escasa atención a las habilidades comunicativas han convertido las clases de inglés en ejercicios mecánicos que nada tienen que ver con el uso real del idioma. A eso se suma la ausencia de prácticas conversacionales, herramientas digitales limitadas y libros de texto desconectados de la realidad del estudiante.
La experiencia se agrava cuando, decepcionados del sistema público, los padres optan por inscribir a sus hijos en escuelas privadas de inglés. Muchas de ellas venden promesas falsas: "aprende en 6 meses", "fluidez garantizada", "clases con nativos". Lo que entregan, en muchos casos, son sesiones impersonales, contenidos repetitivos y ninguna estrategia pedagógica moderna.
Pero el idioma inglés no es el villano. El problema es cómo lo enfrentamos. No podemos seguir culpando al alumno por no avanzar cuando el modelo mismo está roto. Es absurdo exigir resultados distintos aplicando los mismos métodos desde hace décadas. La educación debe evolucionar al ritmo de las necesidades del mundo globalizado, y eso implica cambiar desde la raíz la forma en la que concebimos la enseñanza de lenguas.
Hay soluciones, y muchas ya están sobre la mesa. En primer lugar, se necesita una formación docente sólida que integre métodos comunicativos, tecnología educativa y empatía. Herramientas como Kahoot, FluentU o Tandem han demostrado que el aprendizaje puede ser interactivo, divertido y efectivo. Plataformas de videoconferencia y redes sociales, bien utilizadas, pueden conectar a los alumnos con hablantes reales, ayudándoles a vencer el miedo y ganar confianza.
También es vital que el idioma se relacione con los intereses de cada estudiante. Un alumno que ama los videojuegos, la música o el cine puede aprender inglés a través de esos medios si se le guía correctamente. No todos aprenden igual, y la rigidez metodológica es otro de los lastres que hay que soltar.
No menos importante es abordar la desigualdad tecnológica. No todos los estudiantes tienen acceso a dispositivos o conectividad. Enseñar inglés hoy debe incluir estrategias inclusivas, desde clases grabadas y materiales descargables hasta alianzas con instituciones que faciliten herramientas digitales a bajo costo.
Al final, aprender inglés en México no debería ser un privilegio ni una tortura. Debería ser una herramienta de crecimiento, de acceso a mejores oportunidades, de ampliación de horizontes. Pero para que eso suceda, tenemos que aceptar que el modelo actual no funciona. Y no se trata solo de cambiar libros o plataformas: se trata de cambiar mentalidades.
Mientras sigamos repitiendo fórmulas caducas, seguiremos obteniendo resultados mediocres. La pregunta ya no es "¿por qué no aprenden inglés los estudiantes mexicanos?", sino "¿qué estamos haciendo (mal) como país para enseñarles?".